Para reducir la presión de reinvasión en el área de interés, es imprescindible evaluar adecuadamente los árboles y arbustos del  entorno y tratar químicamente los elementos atacados, especialmente si se sospecha que albergan algún nido.

La evaluación suele dificultarse por la frecuente ausencia de signos externos que evidencien la presencia de la termita, que puede estar muy internado en el tronco y raíces. A juicio del  inspector, puede haber necesidad de realizar orificios exploratorios profundos en el tronco con broca en busca de partes huecas. El tratamiento químico consiste en verter la solución abundantemente por las superficies de corte de las ramas atacadas por la termita y a través de  los orificios realizados en el tronco se permean huecos y pasajes termíticos. Una vez terminado el procedimiento, es conveniente tapar los orificios de inspección y tratamiento con un pivote o estaca de madera, o incluso con una masa sellante, para impedir la entrada de insectos, hongos y agua pluvial que podrían comprometer la salubridad del vegetal. Cabe resaltar que no siempre será posible diagnosticar la infestación en todos los componentes del paisaje, pues en algunas termitas sería inasequible, atacando solo las raíces profundas. Finalmente, debemos mencionar que si el árbol infestado tiene su salubridad irremediablemente comprometida por la termita, la remoción debe realizarse teniendo en cuenta también toda la raíz.

Prevención de la infestación en edificaciones

Algunas medidas simples, que aunque no están libres de costos ayudan a prevenir la infestación de termitas en edificaciones. Durante la construcción o reforma, se recomienda la preparación del terreno mediante destacamento completo, remoción escombros, realización de obras de drenaje que impidan la permanencia de humedad  tratamiento químico preventivo del suelo del área a ser construida y sus adyacencias.

Se deben adoptar buenas prácticas de construcción, como:

  • Utilizar en la estructura permanente maderas naturalmente más resistentes o químicamente tratadas,
  • Evitar el contacto directo de esas maderas con el suelo,
  • Evitar o cerrar rendijas y grietas en la construcción,
  • No rellenar la construcción con escombros (para llenar las cavidades),
  • Evitar encerrar elementos que puedan servir de alimento o facilitar el tránsito de termitas,
  • Remover formas de madera,
  • Aplicar barreras físicas que impidan el acceso de termitas a la edificación o que permitan visualizar la invasión,
  • Proveer aireación adecuada en las cavidades (principalmente en la subestructura, así como poros, sótanos y tejados),
  • Proveer vías de acceso para inspección y detección precoz de infestación en áreas de riesgo.

El tratamiento químico de la madera debe realizarse en los componentes que van a permanecer fijos en la obra (incluyendo armarios, rellenos y forros). Los cuidados y procedimientos generales son los mismos que para la termita de madera seca (ver impregnación con productos químicos).

El tratamiento químico del suelo, al realizarse aisladamente, generalmente está destinado al fracaso si no se toman las medidas adicionales pertinentes descritas en el párrafo anterior. Al final, difícilmente se consiguen barreras continuas y verdaderamente intranspasables.

Otro pormenor de gran importancia en la consecución de la barrera química del suelo, se presenta al momento de su ejecución: lo ideal es aplicarla después de cubrir del  tejado sobre el suelo desnudo, procedimiento que se debe realizar pronto para recibirlo a contrapiso. El suelo debe ser tratado en todos los entornos con escombros, en los terrennos, y en todos los puntos de perforación de la construcción para paso de tuberías (hidráulicas, eléctricas, telefónicas, de gas etc.) o de otras estructuras. Se aplica cada fórmula con agua, homogéneamente en toda la superficie a razón de 4-6 litros/m, a baja presión (se puede utilizar un dispositivo similar a la regadera de plantas, o aplicador motorizado), seguida de la remoción en los ambientes con escombros y puntos de paso de tuberías (5-6 Litros/metro). También es conveniente delimitar los trayectos de juntas de dilatación que deberán recibir refuerzo de solución (5-6 Litros/metro). Una vez evaporado el solvente (agua), el suelo debe ser protegido de la acción de la luz, agua pluvial y pisadas, con cobertura de lona plástica, o debe ser inmediatamente instalado el contrapiso. Si es necesario se debe adoptar alguna medida en el suelo tratado que evite que la integridad de la barrera química se vea afectada, el tratamiento de remoción debe ser realizado en ese lugar antes de la terminar la instalación del contrapiso.

Los árboles cercanos también debe ser inspeccionados y tratados si se encuentran infestados. Los árboles cuya salubridad se encuentre comprometida (plantación en el lugar inadecuado, crecimiento inadecuado, podas drásticas, troncos huecos, enfermedades etc.) Deben ser removidos, junto con las raíces. Como ejemplo de plantación inadecuada, cabe recordar los árboles y arbustos sembrados a 5 m o menos de la edificación y que deben ser removidos, independientemente de si están infestados o con su salubridad comprometida: las raíces en crecimiento terminan por invadir bajo el piso de la edificación, facilitando el acceso de termitas, y destruyendo cualquier barrera química constituida en el suelo.

Finalmente, debemos recordar que la práctica preventiva más equilibrada y eficaz es la concientización de la población sobre la extrema complejidad del problema termítico, y las dificultades para su solución.

Algunas características de los solventes y defensivos químicos

El defensivo químico y el solvente hacen parte de los componentes adicionales al proceso de control presentes en casi todas las intervenciones. Para su uso se debe considerar no solo el objetivo final de la intervención (eliminar la termita y/o inmunizar contra reinfestación), sino también preservar la integridad de los elementos tratados y la salubridad ambiental, y no causar daños a la salud de los usuarios del área. Conocemos un caso de intervención muy eficaz (exterminio de la termita), pero que contaminó el ambiente con olor nauseabundo al punto de generar una prohibición permanente de ingreso al área y desecho de los materiales inmunizados. Otro caso comprometió la calidad ornamental de maderas estructurales de edificación histórica y de su acervo, debido a la cantidad exorbitante y al gran calibre de perforación realizada con broca, las cuales permanecieron abiertas al final del  trabajo. Por lo tanto, el éxito de la intervención también depende del conocimiento que se tenga acerca de los defensivos y solventes disponibles, y de su comportamiento ante las condiciones operacionales, para que sean utilizados de la forma adecuada, con un mínimo impacto ambiental y en las estructuras tratadas.

Solventes para tratamiento de madera

No se recomienda el uso de agua como solvente, pues penetra poco en la madera, puede provocar deformaciones en la paya tratada y favorece la putrefacción por fungos. Su utilización se reserva para las formulaciones para el tratamiento de árboles vivos, aunque también en ese caso la aplicación de la solución

3. De acuerdo con el diámetro del tallo, puede ser necesario obtener previamente el objetivo de remoción  emitido por la dirección.

Preparada con solventes orgánicos pueda ser utilizada, en circunstancias particulares y en menor volumen, como inyección de soluciones más espesas y aspersión de orificios.

Se utilizan solventes orgánicos volátiles (como querosene, alifáticos hidrogenados, alcohol, acetona, aguarrás etc.), que presentan mayor poder de penetración en la madera que el agua, y una vez transcurra cierto período se evaporan completamente, dejando en la madera solamente el residuo inmunizante.

En la elección del  solvente se deben tener en cuenta criterios técnicos, como tiempo de secado, persistencia del olor, alteración del color en la superficie de la madera, disolución de acabados externos (barnices, sellantes, pinturas, ceras etc.), penetrabilidad en la madera, compatibilidad con el defensivo utilizado, sensibilidad individual del  cliente (riesgo para portadores de asma bronquial y de rinitis alérgica) etc. Por ejemplo, el alcohol etílico seca rápidamente y no deja olor en el elemento tratado; en contrapartida, presenta menor penetrabilidad, puede causar manchas superficiales en la madera y es incompatible con la mayoría de los defensivos químicos, cuyas moléculas son degradadas instantáneamente en medio alcohólico. También hay situaciones especiales, en que se indican pruebas preliminares para evaluar el riesgo de que el tratamiento provoque daños irreparables en los artefactos a ser inmunizados, como en las  intervenciones en piezas de archivos históricos y culturales.

Todas esas recomendaciones se aplican igualmente al tratamiento de artefactos construidos con otros tipos de fibras celulósicas, como en bambú, biri (caña de la India), mimbre, sisal y corcho.

Solventes para tratamiento del suelo

El suelo es habitualmente impregnado con solución acuosa. Entre tanto, hay condiciones en que, ante el fracaso en la intervención inicial con solución acuosa, el resultado sería mejor que si se hubiera utilizado un solvente orgánico: suelos muy orgánicos, entierros con gran cantidad de residuos orgánicos, pisos de ladrillo polifracturados y permeados por una incontable cantidad de crestas estrechas.

Defensivos químicos

En la Tabla 2.5. se encuentran los defensivos autorizados para uso doméstico sanitario en el país, para el control e inmunización contra la infestación de insectos xilófagos.

Tabla 2.5. Ofensivos químicos para uso de doméstico sanitario en el control y prevención de la infestación de insectos xílófagos

Principio activo

Grupo químico

Clase

Formulación

Tratamiento

Nombre comercial

lndustria quimica

Clorifipos

Organofosforado

II

Solución

Suelo ladrillo madera

DURSBAN

2E 240 CE

4EBR 460 CE

High Tech 120 CE

CLORSAN 500 CE

DOW

PRODELYN

Detalmetrina

Piretroide

III

Solución

Madera

K-OTEK 25 CE

AGREVO

Polvo seco

Conduit vacíos

K- OTHINE 2 2P

AGREVO

Permetrina

Piretroide

III

Solución

Suelo ladrillo madera

DRAGNET

100 CE

384 CE

FMC

Fipronil

Fenilpirazol

A definir

solución

Suelo ladrillo madera

TERMIDOR**

25 CE

RHODIA

* Adquisición y uso reservado exclusivamente para profesionales del  campo de control de plagas. Se omiten productos de pronto uso formulados para tratamiento de pequeños volúmenes de madera directamente por el consumidor  final y que no permiten altas concentraciones y productos no autorizados como termicidas.

**En la fase final del  registro ante el Ministerio de Salud.

Una característica importante que debe ser común a todos los defensivos utilizados en el control de la infestación termítica es la persistencia prolongada después de la aplicación (período residual largo). En condiciones operativas, sin embargo, la vida media del  producto está condicionada por factores ambientales, que permiten la degradación de las moléculas del  defensivo: exposición a la luz, humedad elevada, temperatura, lixiviación (por agua pluvial y por las capas freáticas), características físico-químicas del  suelo, interacción con otros productos aplicados a la estructura o suelo tratados etc.

Otra característica relevante respecto al comportamiento de la termita, ante el defensivo. Esa respuesta, aunque parece ser del dependiente de la dosis, está determinada por las características químicas del defensivo. Reconocemos tres formas de acción de las sustancias defensivas, en las concentraciones recomendadas de uso, respecto a:

  • Letalidad. el clorpirifós (organofosforado) es letal para las termitas que penetran el área tratada, generando muerte rápida. Las demás termitas de la colonia perciben, de alguna manera, la muerte de los compañeros y la amenaza a la colonia y pasan a abandonar el lugar.
  • Repelencia. los piretróides son altamente irritantes, repeliendo las termitas que son directamente alcanzadas y muertos por la formulación defensiva de los sobrevivientes, si hay, huyen de las áreas en intervención hacia columnas externas propias de otros lugares, no entran en el área tratada, hasta que más tarde experimentan la acción irritativa del producto. La repelencia puede ocurrir también en dosis subletales, evitando la invasión de termitas.

La repelencia puede provocar la reacción dramática de la termita, en la operación de control. Durante una intervención en un galpón industrial, para la extensión de un tratamiento perimetral de suelo y pared doble con solución de piretróide, observamos, por un orificio de 15 mm de diámetro, realizado en la pared a una altura de 1,5 m y que apenas al día siguiente recibiría aplicación de la solución, salió una estampida muy poblada de Coptotermes hauilandi, conmillones de soldados, obreras e inmaduros, corriendo hacia el tejado de la edificación, donde aparentemente todos terminaron muertos (Fontes & Florindo, observación inédita en la ciudad de Sao Paulo, en 1993). Las termitas marcaron el camino de fuga con heces, con una longitud que llegaba a 10 cm.

  • Acción tardía el fipronil, así como los productos aplicados en la forma de señuelos (aún no registrados para uso en Brasil), no son presentidos por las termitas. Estos, al penetrar en el área tratada, al recibir aplicación directa de solución, al consumir material contaminado con el producto o al consumir señuelos especialmente preparados, se contaminan y, debido al contacto mutuo inherente a la organización social (trofalaxis, canibalismo de especímenes muertos o que denoten un comportamiento anómalo, contacto físico en general), esparcen el contaminante en la colonia. Dentro de pocos días, se da inicio a la mortalidad, que puede hasta liquidar la colonia. Defensivos con ese tipo de acción también se denominan de “acción lenta” o dotados de “efecto dominó” (recordando que una ficha de ese juego, en la posición vertical, derriba a las demás que se encuentran alineadas).

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